ACTITUD COMO MODO DE SUPERVIVENCIA

Mi memoria nunca ha sido mi mejor aliado. En más ocasiones de las que me gustaría me he visto envuelto en situaciones donde un amigo recordaba una historia de cuando teníamos diez años y no acordarme apenas de nada. Soy cojo en la memoria. Y no pasa absolutamente nada. Por supuesto que hay personas con más facilidad para captar momentos que otras, y eso esta bien, entra dentro de las expectativas que pueden generar los distintos tipos de mentes. No es preocupante.

Hay mentes brillantes en la memoria y otras, como mi caso, no tanto. Sin embargo, esto es tan solo uno de las virtudes que puede ofrecer la misma. Hay mentes brillantes en la ecuación y saber resolver problemas. Hay mentes brillantes en la templanza y saber elegir el camino correcto. Hay mentes brillantes en valores y saber querer. Me gusta pensar que no soy tan cojo en estas otras virtudes.

Sin embargo, con el tiempo, he entendido como esto ha impactado esto en mi vida. Como mi cuerpo, mis acciones, mis experiencias y mi personalidad se amoldan a esta mente mía. Con sus virtudes y sus defectos. Entenderse a uno mismo es el primer y casi único paso hacia la felicidad, o más bien, hacia la plenitud.

Para entenderme tuve que comprender que no podemos elegir qué tipo de mente tenemos. Y mucha de nuestra vida evoluciona dependiendo de la misma.

Estos defectos y virtudes muchas veces marcan quienes somos, y como nos comportamos.

¿Son los defectos de nuestra mente determinantes?

Si. Y no. No podemos “elegir” ser más resolutivos. No podemos “elegir” ser menos nerviosos. Lo mismo que yo no puedo elegir tener una memoria con mayor profundidad. Pero si puedo elegir aprovechar la situación.

Es aquí donde entra en escena, la aptitud por excelencia. La que todo ser humano debe poseer, y ser dueño de la misma.

La actitud.

Alguien (y no recuerdo quien) me describió esta situación hace un tiempo y aun la tengo grabada:

– ¿Crees que eres capaz de andar de rodillas diez kilómetros?

– Por supuesto que no, acabaría con dos muñones.

– Bien, ahora supón, hipotéticamente, que tienen secuestrada a la persona que más quieres en este mundo. Y el secuestrador la deja ir, únicamente si eres capaz de hacer no diez, sino veinte kilómetros de rodillas. ¿Podrías?

Somos capaces de todo, pero nuestras mentes restrictivas y prejuiciosas nos dicen que no. Que es demasiado difícil. Que es demasiado lejos. Que no estamos preparados.

Yo quiero poder recordar más de lo que lo hago habitualmente y la única solución a esto es trabajar en ello ¿Puedo cambiar esto?

No puedo recordarlo todo.

Pero si fotografiarlo.

No puedo recordarlo todo.

Pero si apuntarlo.

No puedo recordarlo todo.

Pero si escribir sobre ello.

La solución está detrás de la puerta para todas las mentes brillantes. Y tan solo debemos creer en ello.

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